Por estos días, la Asamblea Nacional volvió a ser noticia. Esta vez, no por debatir una ley urgente o fiscalizar al poder, sino por sancionar a uno de los suyos. Dominique Serrano, asambleísta por Acción Democrática Nacional (ADN), fue castigado por el Consejo de Administración Legislativa (CAL) tras haber sido captado dibujando durante una sesión. ¿La razón oficial? Atentar contra la moral de la función legislativa. ¿La verdadera razón? Cuesta no pensar que se está castigando más la irreverencia que el acto en sí.
Resulta curioso que, en un Parlamento donde abundan los gritos, los ausentismos injustificados, los pactos bajo la mesa y hasta los insultos en cadena nacional, sea un dibujo lo que se considere una ofensa “grave”. ¿Realmente es la moral lo que está en juego o la imagen herida de una institución que hace mucho dejó de ser intachable?
“El orden de prioridades vuelve a desordenarse: se castiga un gesto simbólico, mientras se archivan casos de corrupción, se tolera el ausentismo y se ignoran las verdaderas faltas éticas".
¿A qué juegan en la Asamblea Nacional?
Se pregunta la sociedad ecuatorina.
Ni raras ni rotas [Reportaje]
Ahora hay un dibujo considerado “falta grave” contra la moral parlamentaria. Como si ese acto pudiera deteriorar más la imagen de una Asamblea que ya enfrenta desconfianza social, escándalos y falta de credibilidad. La resolución del CAL fue veloz, casi quirúrgica. No hubo espacio para el diálogo, ni para el contexto.
Se omiten las sanciones a quienes pactan con mafias, a quienes incumplen su rol fiscalizador y a quienes juegan con la institucionalidad, como si fuera un tablero personal. Se omite en el debate todo lo que la Asamblea ha dejado pasar y tampoco se sanciona con el mismo rigor a quienes incumplen su trabajo, a quienes utilizan la curul como trampolín político ni a quienes han abandonado su rol de fiscalizador.
"Se omiten las sanciones a quienes pactan con mafias y también a quienes incumplen su rol fiscalizador"
Al final, la sanción a Serrano no es un acto de defensa de la moral, sino una demostración de la fragilidad institucional. Una señal de que, para algunos, es más importante cuidar las formas que corregir el fondo. Lo que está ocurriendo va más allá del chico Serrano. Es una señal preocupante sobre hacia dónde se está inclinando el poder legislativo.
Dominique fue sancionado, sí; pero su castigo dice más de quienes lo imponen que de él mismo. Porque, al final del día, no es la moral la que defienden sino la comodidad del statu quo.
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