En el Ecuador contemporáneo, donde la justicia camina con bastón y los medios de comunicación corren con la lengua suelta, el daño moral se ha vuelto una herida invisible que no sangra, pero duele. La reciente exposición mediática del llamado Caso Purga –una trama de supuesta corrupción judicial en la que se involucra a jueces, fiscales y políticos– ha desnudado no solo la podredumbre institucional, sino también la falta de responsabilidad ética en ciertos sectores del periodismo ecuatoriano.
En un escenario donde la primicia vale más que la verdad, algunos medios han optado por señalar antes que comprobar, acusar antes que investigar y exponer antes que proteger. Como si se tratara de un circo romano moderno, la televisión basura y las redes sociales juegan a lanzar a la arena a los señalados sin una sentencia previa, sin derecho a réplica ni a intimidad. Se convierte así la libertad de expresión en un arma de doble filo: afilada para el espectáculo, roma para la ética.
“Los medios, cuando actúan sin ética, no informan: fusilan. Y lo hacen con la tinta de una pluma que, aunque no mata, destruye prestigios, relaciones y tranquilidades".
Evelyn Haro.
Periodismo en la era digital [Reportaje]
Utilizando la hipérbole, podríamos decir que los medios, cuando actúan sin ética, no informan: fusilan. Y lo hacen con la tinta de una pluma que, aunque no mata, destruye prestigios, relaciones y tranquilidades. Porque el daño moral no se mide en cicatrices visibles, sino en la angustia de quienes deben enfrentar acusaciones sin respaldo, en la depresión de quienes pierden su nombre y en el silencio de quienes ya no confían en la justicia ni en la prensa.
No se trata de censurar la labor periodística. Se trata de ejercerla con responsabilidad. La ironía más dolorosa es que, en nombre de la verdad, muchos terminan fabricando mentiras disfrazadas de titulares. El Caso Purga no solo debe llevar a los culpables ante la justicia, sino también obligar a los medios a mirarse en el espejo. ¿Se informan o se intoxican las audiencias? ¿Se defiende la verdad o se trafica con ella?.
"El daño moral no se mide en cicatrices visibles, sino en la angustia de quienes deben enfrentar acusaciones sin respaldo"
A los comunicadores nos corresponde ejercer un periodismo ético, donde la metáfora de la "pluma como espada" no implique un ataque a la dignidad, sino una defensa del bien común. Como lo señala la Ley Orgánica de Comunicación y el artículo 384 de la Constitución del Ecuador, la libertad de expresión no puede desligarse de la responsabilidad social y del respeto a los derechos humanos.
En un país donde la justicia tambalea y la opinión pública se manipula con facilidad, el periodismo no puede convertirse en cómplice del linchamiento moral. Hoy más que nunca, necesitamos voces que iluminen, no que ensucien; que construyan, no que destruyan. Porque si perdemos la ética en la comunicación, habremos perdido mucho más que una noticia: habremos perdido nuestra humanidad.
DESTINOS
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