Lo último que puede ocurrir cuando el barco hace aguas y se hunde por falta de capitán, es que quienes administran y promulgan los reglamentos del “jogo bonito” terminen defenestrando a un campeón ya coronado. El caso del Guayaquil City resulta una muestra palpable de cómo estamos mal, y muy mal, en todos los niveles. El fútbol no debe mancharse por nada ni por nadie, salvo por el sudor de la camiseta, la hombría de bien y, sobre todo, por el respeto al “Fair Play”.
El recordado Carlos Efraín Machado, una de las voces más emblemáticas de la narración deportiva ecuatoriana, proclamaba en su entrañable Nueva Emisora Central: “La bendita pelota, la que da fama y fortuna, se la acaricia, no se la maltrata, porque tiene alma de mujer”. Aquella frase resume con precisión la esencia del deporte: ética, pundonor, hidalguía y transparencia. Principios que no deben oscurecer lo más noble que el fútbol posee: la competencia justa y el respeto a las reglas, iguales para todos los contendientes.
No se puede permitir que un campeonato siga adelante cuando existen sanciones postergadas a conveniencia, ni que se reactive un reclamo olvidado por negligencia o mala fe. Surge entonces la pregunta inevitable: ¿Cuál es la respuesta del ente encargado de esta situación? ¿Dónde está el pronunciamiento de la Federación Ecuatoriana de Fútbol?
Quilotoa en el corazón de los Andes [Documental]
Un acto bochornoso de tal magnitud no solo empaña el nombre del torneo, sino que nos deja en entredicho ante el concierto sudamericano del fútbol.
Si al final se decide retirar el trofeo y las medallas al Guayaquil City para entregarlas a otro club, como Leones del Norte, tras un partido pendiente, estaremos confirmando una práctica nefasta: el trasiego de decisiones arbitrarias, donde las reglas se doblan al capricho del momento.
“Eel trasiego de decisiones arbitrarias, donde las reglas se doblan al capricho del momento”
¡Basta ya! El fútbol ecuatoriano, que hoy cuenta con una generación de jugadores talentosos, disciplinados y competitivos, no puede seguir siendo víctima de la negligencia de terceros. Si quienes deben organizar, arbitrar o legislar no son capaces de hacerlo con rigor y transparencia, entonces lo más digno sería que den un paso al costado. Porque con el deporte —y con la pasión de un país entero— no se juega.
Atención autoridades: legislar con prontitud y esmero o dar un paso al costado.
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