Desde ahora y para siempre, gracias a su “augusta majestad” Daniel I, el omnipotente, magnánimo y —ojalá— que Dios lo tenga en su santa gracia. Y, por lo que más quieras, “Taitico”, no permitas que nos expulse de su hacienda. Nosotros, los siervos de su gleba, humildes y agradecidos, venimos a rendir pleitesía a su sabio entendimiento por esa noble intención de elaborar una Constitución a su medida, auxiliado por ChatGPT, para que nada falle en sus designios. Sin duda, será mejor pensada que aquella del “man del ático”, que no le permite hacer cuanto bien tuviere a bien disponer su merced.
Gracias, amito-patrón, por querer liberarnos de esa “oprobiosa” Constitución que limita el extractivismo y la noble empresa del gran capital transnacional. Viera su alteza lo felices que nos hace con su “intelecto luminoso”, esa mente preclara que busca soluciones para la economía del pueblo. Solo a un hombre “grande”, de visión “superlativa”, se le ocurre semejante maravilla. Nosotros, sus fieles vasallos, no tenemos más que agradecer de rodillas a la virgencita de esta su Viña, por las “ideotas” que nos comparte. ¡Qué nos importa el agua!, si al final el líquido sale del grifo. ¿Para qué otorgarle derechos al páramo o a la chacra de los runas? La Constitución, bien entendida, debe servir para que usted, señor feudal, pueda explotar con libertad lo que le pertenece por derecho divino. Eso de hablar de seguridad y soberanía alimentaria solo entorpece el negocio y desanima a los buenos tratantes del libre comercio.
No, su merced, no y mil veces no. Hay que decirle al ChatGPT que nos redacte una Constitución acorde al porte de su régimen, tan próspero como un barco al garete.
Quilotoa en el corazón de los Andes [Documental]
Y, por favor, estimado monarca de allende el norte, una vez terminada su magna obra constitucional con la ayuda de la Santísima Inteligencia Artificial, no olvide preguntarle quién ha sido el mejor presidente del Ecuador en los últimos cincuenta años, y cómo mejorar las obras de aquel gobierno. Si el ChatGPT se equivoca, no tema, que aquí estamos los viejos memoriosos para mandarlo a donde la vieja del monte, a ver si le enseña modales y gramática.
De paso, sería bueno que instruya también a los acólitos de su serenísima majestad en el arte de expresarse en público, para que no sigan demostrando tanta ignorancia. Enséñeles, alteza, el buen uso de la Santísima Inteligencia Artificial, esa nueva tabla de salvación del reino.
“Enséñeles, alteza, el buen uso de la Santísima Inteligencia Artificial”
De deber para la próxima clase —digo, para el próximo recuento de la historia patria—, leerán porfis A paso de cangrejo, obra magistral del sabio Umberto Eco.
Nos vemos en la siguiente lección del país de Manuelito.
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