Según la Dianita Atamaint —que de Dios goza— desde su solio en el Consejo Nacional Electoral, acompañada por vocales eternizados en la teta… digo, en el Consejo, el No triunfó en casi todos los cantones con presencia de pueblos originarios, es decir, con pueblos de runas. La Dianita también hace saber que, en esta ocasión, no hubo tinta mágica para alterar resultados y que, pese a que el Danielito chiquitico, mamitico y buena gente repartió puercos, bonos, tractores y la promesa del décimo adelantado, nosotros, los runas, le dijimos: No, amito patrón.
Ahora que runas, mestizos, longos chiquitos, warmis organizadas, montuvios, afros y todo el variopinto paisaje étnico-cultural del No sumamos fuerza, aparecen otros que, con oportunismo, buscan subirse al convoy ganador y adjudicarse laureles ajenos. Este ejercicio electoral deja ver el nacimiento de nuevos liderazgos y evidencia una ruptura profunda entre bases indígenas y dirigencia. En gran medida, el trabajo de hormiga lo hicieron influencers, músicos, artesanos y ecuatorianos de a pie.
“El poder de las redes sociales fractura la comunicación vertical tradicional y empieza a forjar nuevas figuras políticas".
Edison Romero.
Periodismo en la era digital [Reportaje]
El proceso de consulta también muestra que el poder de las redes sociales fractura la comunicación vertical tradicional y empieza a forjar nuevas figuras políticas que ya no aceptan ser simples engranajes, sino certezas: voces que buscan transformar las formas de hacer política. La caída del gobierno es un tiro en la nuca: un mensaje claro de que todo puede venirse abajo; mejores muertos han ido al cementerio.
Los fieles servidores, acólitos, agnados, cuñados, tías y tíos del mentirosito ya empiezan a huir y, sin duda, buscarán buen recaudo. Pero cuidado con el “Cristo que se desclava”: es hora de exigir cuentas. Nada de perdón y olvido. Los muertos, los mutilados, los cuatro de Malvinas, los enfermos que hoy se mueren por indolencia, los robos, las condonaciones fiscales… por todo eso se clama justicia.
"La caída del gobierno es un tiro en la nuca"
Nos han hecho creer que es normal la muerte, la mutilación y la crueldad con que reprimen la protesta legítima contra los abusos del poder. Hay saña y premeditación en los disparos al rostro de quienes protestaron; nada de eso es casual.
Y, aunque no lo parezca, también perdieron los Estados Juntos de Donald Trump. No lograron instalar bases gringas en el Ecuador; la intención era clara: convertirnos en plataforma para un inminente ataque a Venezuela. Están desesperados; necesitan una guerra para consolidar su proceso de descomposición social, moral, política y económica. Aunque usted no lo crea, a estas horas los gringos deben estar mentándole la mamacita al Danielito, y todo por estos ferósticos runas.
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