Home / Archive / Frontera

CRÓNICA

  • 1100
  • 1100

Contrabando:

la rutina silenciosa que sostiene hogares en Tulcán

image

La casa es de dos pisos, despintada, con grietas que recorren las paredes como cicatrices antiguas. En el patio, la humedad ha marcado el suelo y un pequeño automóvil, golpeado y rayado, espera inmóvil. No es un vehículo cualquiera: es el sustento de una familia.

El cielo está despejado. Algunos destellos de sol acompañan la mañana de un jueves que, para muchos, no será distinto a otros. Son las seis en punto del 18 de diciembre de 2025 y la vivienda cobra vida. El sonido de motos rompe el silencio: llegan una tras otra, cargadas de mercadería que proviene de Ipiales, Colombia, frontera norte del Ecuador.

SEGÚN DIARIO VISTAZO, EN LA ZONA AGRÍCOLA DE URBINA, EN EL CANTÓN TULCÁN, SE HAN IDENTIFICADO MÁS DE 50 CRUCES INFORMALES QUE FACILITAN LA MOVILIDAD IRREGULAR DE PERSONAS Y MERCANCÍAS ENTRE ECUADOR Y COLOMBIA. ESTAS TROCHAS SON USADAS POR REDES CLANDESTINAS QUE, ADEMÁS DE TRÁFICO DE MIGRANTES, REPRESENTAN RUTAS POTENCIALES PARA EL CONTRABANDO DE BIENES Y PRODUCTOS FUERA DEL CONTROL ESTATAL.

  • Contrabando
  • Tulcán
  • Ecuador.

En el andén, bajo el sol húmedo y pegajoso de la costa, la expectación era casi palpable, entre el murmullo creciente de la multitud, los vítores que estallaban como pólvora, el frenético agitar de pañuelos y los ojos incrédulos, deslumbrados, un hombre se irguió, con su inconfundible sombrero blanco y una sonrisa que se debatía entre el cansancio de años de lucha y la euforia del triunfo.

Don Jaime

Un hombre de baja estatura, contextura gruesa, tez trigueña y semblante serio abre la cajuela del carro. Con rapidez y precisión comienza a cargar dos costales de zapatos en la parte posterior y otros dos en el asiento del copiloto. Mientras trabaja, conversa con los motociclistas. “Hay tres viajes más, esté pendiente”, le dicen antes de marcharse.

Desde el fondo del patio, una mujer alta, delgada y de sonrisa cálida alza la voz: “¡Ya está el cafecito, tomarás antes de que te vayas!”. Ella no solo prepara las comidas diarias. También “patrulla”, un término que en este entorno significa vigilar que la policía no aparezca. “Mi trabajo es avisar a los señores de las motos si baja la policía, decirle a mi esposo cuando ya hay otro viaje y cocinar para mis hijitos”, cuenta con naturalidad. Uno de ellos está a punto de graduarse de la universidad; la otra recién empieza su camino académico.

Antes de salir, el hombre se santigua. Le pide a Dios que lo proteja. La mercadería debe llegar al terminal terrestre, desde donde será distribuida a distintas provincias del país. El teléfono no deja de sonar. “Don Jaime, ya voy en el río”. “En cinco minutos estoy en el mirador”. “Salgo del partidero, póngame cuidado”. Los mensajes son constantes. El conductor lo resume con una frase breve: “Este es un trabajo para valientes”. En cualquier momento puede aparecer la policía y perderlo todo: la mercadería, el dinero y hasta el carro.

El mediodía es el momento más crítico. Cada diez minutos llegan nuevas motos. La casa se llena de sacos. La policía ronda el sector. Las llamadas se vuelven asfixiantes. Pero la verdadera adrenalina llega en la carretera. Durante un traslado de zapatos, una patrulla aparece detrás, con sirena y bocina encendidas. El conductor acelera, rebasa autos, ignora semáforos. “Hay que correrse para salvarse uno y la mercadería, para no perder clientes”, dice sin titubear.

No todos los días son iguales. “Hay días buenos y días malos, pero así hemos vivido siempre”, comenta con una sonrisa cansada. A los policías ya los conoce. “Cuando la mercadería es buena, nos quitan; cuando no, nos dejan, pero hay que darles algo”. El verdadero temor, asegura, es la Aduana. “Ellos nos quitan todo y son bien groseros”.

Pie de foto. Bodega de mercadería.

Hace tres años sufrió un derrame cerebral. Desde entonces, nada volvió a ser igual. “Son dolores inexplicables. A veces siento que ya estiro la pata”, confiesa. Atribuye su estado al esfuerzo físico, al estrés constante y a la ansiedad de ser atrapado en cualquier momento.

El cansancio se refleja en su mirada, en su rostro flácido, en las manos llenas de callos y en la joroba que empieza a formarse en su espalda”.

Ronberth Arellano
  • Periodista

Como don Jaime, la mayoría de las familias del barrio vive del contrabando. Cuando cae la noche, los caminos se llenan de sombras: caballos cargados con tanques de gas, cigarrillos, zapatos y otros productos cruzan la frontera de forma clandestina. En Tulcán, el contrabando no es solo un delito. Para muchos, es una forma de sobrevivir en silencio.

Pie de foto: Vista apacible de la ciudad de Tulcán.

News Letter

Su dirección de correo electrónico no se publicará así. Los campos obligatorios son Noticias de hoy.

Actualidad

https://www.youtube.com/embed/rks0c-eHf_Y

Las pistas Mayas

¿El calendario maya nos dejó pistas sobre la partícula de dios?

Malqui Machay: la última morada de Atahualpa

¿Dónde está la tumba de Atahualpa?

Nuestras querencias

Desde las entrañas de los pueblos

Sobre el techo de las viejas casas andinas de nuestros pueblo de la provincia, que conservan el alma de un ayer rico en tradiciones…

Máscaras: origen y vigencia

En toda fiesta popular encontramos un denominador común llamado “máscara”, cuyo elemento infaltable es…

Entre el amor y la indiferencia por el terruño

Para llegar a lo que somos, primero tuvimos que definir un espacio geográfico…

ültimos comentarios

Necesitamos fuentes de empleo

Ecuador debe mejorar su control.

Que el Estado y sus fuerzas de control actúen.

Mayor control en frontera

Leer más