Un cuasi autoanálisis
El orgullo es una plaga que recorre el mundo, empequeñece al grande y vuelve ridículo al pequeño. El terno, cuando el “muerto” es grande, jamás le calza al enano, y ese 4 a 0 que el Ecuador propinó al “rey del plátano” resulta lapidario. Revela una profundidad que exige análisis en fondo y forma. En el fondo, tarde o temprano el cuentero cae víctima de su propio caos; el relato del farfullas se desmorona, se desnuda y sucumbe.
En esa caída estruendosa exhibe sus flaquezas: escasa preparación, torpeza verbal, pobreza conceptual, inconsistencia política y nulo dominio del manejo público. La forma es simple: quedó como el plátano, y el pueblo ya reconoció su silueta.
EL PODER Y SUS DESENCANTOS.
Pero el Cristo de los pueblos empobrecidos, el que vela por las favelas, por las villas miseria, por los guasmos y comunas del Abya-Ayala, nunca se olvida de sus hijos. La creación divina —el Inti, los espíritus del páramo, el agua cristalina que corre entre pajonales, el susurro del viento andino— siempre permite renacer. Como el cóndor, el pueblo se agiganta en su vuelo, toma bríos y se eleva sobre los Andes, para luego internarse en la Amazonía y en el negro fecundo de la Pacha Mama, protegida en los artículos de la Constitución que resguardan su vida y hábitat.
“la pelea no es entre nosotros, la lucha está en defender derechos adquiridos y evitar el despojo de lo poco que queda".
La reciente trastada, tuerta y coja, que buscó confundirnos y dividirnos, tampoco prosperó. Pretendió convertir un capricho insensato en necesidad, pero no logró instalarse en la conciencia colectiva. En esa imposición se nos iba la vida. Los intereses oscuros, viles y protervos no lograron enraizarse en el imaginario popular.
Ciudadanos, colectivos, warmis organizadas, maestros, jubilados, amas de casa, runas y el pueblo entero se aferraron al “NO” como a un salvavidas para no hundirnos. Este pequeño respiro de oxígeno que nos hemos dado debería llegar al cerebro, para que la bocanada conjunta abra nuestro entendimiento: la pelea no es entre nosotros, la lucha está en defender derechos adquiridos y evitar el despojo de lo poco que queda.
No existe otro ganador que el pueblo, ni más triunfo que el de los fragmentos del tejido social que aún resisten, pese a las campañas de división que las huestes fascistas promovieron con odio y revanchismo. Todo por el pecado de permitir que los hijos de Perico de los Palotes accedan a educación y salud de calidad como derecho y no como dádiva; por exigir trabajo y salario digno; por reconocer la justicia en la remuneración de las trabajadoras del hogar; por proteger el IESS y el BIESS. Todo eso estaba en juego. Venían por nosotros y por el resto.
Pie de foto: Ciudadanos del Ecuador.
Autor: Diario Expreso.
Foto de San Agustín de Callo.
La voluntad suprema —la del pueblo— se ha pronunciado. Con ese mismo talante, y con disposición, ecuanimidad, sensatez y empatía, corresponde reconstruir la patria. Cada quien, desde su trinchera social, política o económica, debe aportar a crear espacios de convergencia y unidad que permitan iniciar una verdadera transformación del Estado ecuatoriano. Un espacio capaz de acoger la diversidad cultural, económica, social, étnica y de género con la premisa inquebrantable de la igualdad en derechos y obligaciones.
En definitiva, la voz del pueblo ha sido profunda, contundente y estentórea: cuando el sistema deja de funcionar, el pueblo ejerce justicia y envía al cadalso al opresor inhumano.
Por nuestros runas muertos, por los heridos y mutilados del Valle del Amanecer, por las minorías, por los colectivos, por las warmis, por los de a pie, por los viejos que aún damos guerra, por las amas de casa y por este país inmenso y generoso en dones espirituales y humanos: no pasaron y no pasarán.
Caídos en el paro nacional 2025.
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